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El FC Barcelona, víctima o verdugo

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Raúl Masa.

Apenas falta un puñado de horas para el gran clásico del fútbol español entre FC Barcelona y Real Madrid, y todavía no están claros los papeles que asumirán cada uno cuando salten al césped.

Real Madrid y FC Barcelona dispondrán el sábado de su enésima intentona para demostrar cual de los dos es el mejor equipo de España. Además, hay un valor añadido, y es que hacia mucho tiempo que el equipo blanco no estaba por delante en la clasificación de la Liga. Por ello, para el Barça de Pep Guardiola será un partido muy diferente al de los últimos años.

Así pues, Guardiola y el FC Barcelona no saben muy bien cómo afrontar este próximo partido en el Santiago Bernabéu. Sobre todo por un motivo, y es que en este tipo de encuentros el factor psicológico se antojo fundamental. Salir al campo con medio gol a favor o en contra es muy importante. Y ese medio se mete en las salas de prensa durante la semana previa al clásico.

De esta forma, ese medio gol parece haberlo metido el FC Barcelona, puesto que la insistencia por parte de su entrenador y jugadores de que el Real Madrid llega en mejor forma y como líder, obliga en cierto modo al equipo merengue a tener que jugar con la presión de ser favoritos. Y eso, pese a que pueda parecer una tontería, a ciertos niveles no deja de ser un pese más.

El sábado, cuando den las 22 horas, el Barça saltará al campo como víctima. Pero, ¿realmente se puede hablar de que el mejor equipo del mundo y que mejor fútbol practica vaya como víctima? El juego absurdo que se traen Guardiola y Jose Mourinho en la sala de prensa es una auténtica idiotez. Parece irreal que en el vestuario donde se concentra el mayor número de campeones del mundo por metro cuadrado, y está la mayor estrella de la última década, vayan a tener que asumir un papel de inferioridad. Eso no se lo cree nadie, y menos ellos.
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Una historia de superación

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Antonio Andreu.
Desde niño siempre me han fascinado las historias de superación. El bebé abandonado en un convento que llega un día a presidir una multinacional, el prisionero de Auschwitz convertido en juez de la Corte Constitucional o el negro de Honolulu que alcanza el trono de la Casa Blanca.

El deporte está lleno de historias de superación y quizá sea eso lo que más me atraiga de él. Cuentan el caso de un ciclista texano que ganó seis Tour de Francia tras levantarse un día con el testículo del tamaño de una naranja. Se lee la historia de Albiol, el joven que superó un grave accidente para levantar la Copa del Mundo, o la mala vida de Luisito Suárez, el chico al que abandonó su padre muy pronto, que conoció el hambre y se dio a la bebida hasta que decidió cambiar de vida para entregarse al fútbol. Cuentan el caso de Maicon, el niño enclenque rechazado por su físico, que perdió a su hermano en un atropello fatal y después sufrió un trauma que le bloqueó las piernas.

Las historias colectivas de superación son menos comunes pero igualmente maravillosas. Leyendo crónicas periodísticas de un partido histórico adivino una que debió contarse: la historia de un equipo deshecho que llegó a marcar una época, la del Fútbol Club Barcelona de los seis títulos y el 5-0 que firmó Picasso.

El Barça de Guardiola es un equipo hecho a sí mismo que soñó con parecerse al Brasil de los '70 y a la 'Naranja Mecánica'. Los altares del fútbol acogieron a un grupo humilde que luchó unido por ser el mejor, el mejor de siempre, de todos los tiempos, con la misma ansia que Maradona por salir de Villa Fiorito. Su historia colectiva de superación es la de todos y la de cada uno de ellos. La del Pep recogepelotas, por supuesto la de Pep; la del Valdés adolescente que odiaba la portería; la del francés Eric Abidal, que jamás en su carrera anotó un gol; la del Carles Puyol de 15 años que entrenaba solo a las siete de la mañana en la pista de su pueblo; la del imberbe Xavi que todos los días tomaba el metro camino del Mini Estadi; la de los jugadores de Tercera Pedro y Busquets; la del Messi al que hubo que inyectarle hormonas del crecimiento; la de Piqué, Alves, Villa, Milito… Es la historia de superación de un equipo que dejó huella.

De un equipo que vivimos y que contaremos que vivimos.
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José o Josep, esa es la cuestión (I)

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Antonio Andreu.
"Si Señol", me subo al carro. Ahora que criticar a Guardiola y enaltecer a Mourinho se ha convertido en un deporte nacional por encima de sacarle defectos a la nariz de Belén Esteban, no me quiero quedar rezagado. El debate "Menotti-Bilardo" del presente obliga a decidirse: yo lo tengo claro, soy de Mou. La "Eau d’ Guardiola" me huele mal, muy mal. Guardiostóteles, a mí no me engañas.

Guardiola, yo le acuso

Josep Guardiola Salas, yo le acuso. Le acuso de haber abandonado a sus padres Dolors y Pere el 4 de septiembre de 1984, a los trece años, para alojarse en una habitación de literas con vistas al Camp Nou. Le acuso de haber dejado de ser Josep, como le llamaban en casa, para convertirse en Pep, el chico de Santpedor que corrió la banda de Stamford Bridge olvidándose de que ya no era recogepelotas sino entrenador.

Guardiola, le acuso de ser humilde, de que su padre sea albañil y su madre ama de casa. De ser honrado, leal, fiel y honesto. Guardiola, le acuso de tener carisma, mucho carisma, tanto que da la sensación de poder curar un dolor de muelas con un simple apretón de manos. Le acuso de responder a los periodistas por su nombre, de saber mirar, hablar y callar. Señor Guardiola Salas, le acuso de ser elegante, todo un ‘gentleman’ antes y ahora. De ahorrar tres jugadas con un solo pase portando el ‘4’, y de hacer jugar como nunca se ha jugado vestido de Antonio Miró.

Le acuso de timar a los taquilleros de los estadios del mundo, ofreciendo más espectáculo del que marca el precio de la entrada. Le acuso de respetar a los contrarios, por pequeños que sean, y de ondear la bandera de la autoexigencia y el sacrificio. De llorar con 15 años por haber fallado un penalti en un torneo cadete, al recoger el premio al mejor jugador del mismo. De creer en la cantera por encima de todo.

Guardiola, le acuso de malgastar el dinero fichando a Chigrinski, Ibrahimovic, Pedro y Busquets. Le acuso de leer poesía y de ser culto. De abrazarse a su amigo y ángel de la guarda Manel Estiarte y de decirle “te quiero” sin miedo a los puristas del pelo en el pecho. Le acuso de pasarse las noches en blanco investigando sobre aquella maldita nandrolona para limpiar su nombre, porque el nombre es lo único que nos queda.

Guardiola, le acuso de ser un símbolo como jugador y un mito como entrenador, y de haberse dejado el pelo en el empeño. Le acuso de ser barcelonista y buena persona. Sobre todo buena persona, en una época en la que serlo parece que se escribe con letra pequeña.

* Mañana tenemos a José...
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